Sardegna: isla de contrastes en el corazón del Mediterráneo

 

Sardegna o Cerdeña como la conocemos nosotros, está situada en el corazón del Mediterráneo occidental. En el norte linda con Córcega de la que la separa el estrecho de Bonifacio, la península italiana al este, Túnez al sur, y las islas Baleares al oeste. Ocupa una superficie de 24 090 km² y con sus 365 localidades y sus cuatro millones de ovejas, combina con maestría un paisaje de playas de un azul deslumbrante y protegidas por acantilados rocosos con un corazón agreste de pinos y enebro. Esta isla italiana depara aún más sorpresas a quien la recorre sin prisas, como su suculenta cocina y los restos fenicios, romanos y de la cultura prehistórica “nurágica” con sus siete mil yacimientos repartidos por toda la isla.

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Durante milenios y debido a su aislada situación, los isleños han esculpido una identidad, cocina, cultura y lengua únicas, dejando que las fuerzas de la naturaleza modulasen un paisaje mágico y único. Campechana y glamurosa, aventurera y relajada,  Cerdeña se complace en ser un poquito diferente.

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Bastioni de Alghero. Alguer

Si nuestro objetivo es conocerla, te proponemos que inicies tu ruta en La amurallada villa de Alguer (Alghero), en la costa noroeste. Su vinculación con las Baleares y la lengua catalana se inicia en el año 1353, cuando los venecianos, en su afán por arrebatar esta tierra a los genoveses, se aliaron con Pedro IV el Ceremonioso y la ciudad pasó a manos de la Corona de Aragón, que la repobló con colonos enviados desde Barcelona. Por eso también se la conoce como Barcelloneta y de ahí que sus habitantes hablen una variante del catalán y celebren el Canto de la Sibila en Nochebuena, una tradición casi idéntica a la de Mallorca.

Después de visitar el casco antiguo de esta ciudad e impregnarnos de su historia y sus costumbres, nuestra recomendación es que no dejéis de visitar la ciudad de Sassari, a veinte minutos de Alguer. Además de poseer templos medievales notorios, alberga el Museo Sanna dedicado a la cultura nurágica. Anteriores a los fenicios, los nuragos (entorno al 1.700 a.C.) dejaron por toda Cerdeña una serie de torres cónicas llamadas nuraghi, palabra que significa «montón de tierra» en sardo.  El pueblo nurágico por excelencia es Su Nuraxi di Barumini, en la provincia de Medio Campidano, considerado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad.

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Nuraxi de Barumini

Las curiosidades prehistóricas de la región continúan con las domus de Janas, cuevas funerarias excavadas en la roca. Estas «casas de brujas», como las llaman en Cerdeña, destacan por las pinturas que decoran sus muros. Las construyó la cultura Ozieri entre el IV y el III milenio a.C. La mayor se encuentra en la localidad de Sedini, y su estancia principal es ahora un museo.

En cuanto se empieza a descender por la costa oeste, las playas acaparan todo el protagonismo del viaje. Al sur de Alguer se extiende un litoral de precipicios escarpados que abrazan calas solo accesibles desde el mar o por sendas muy empinadas. En esta parte de la costa occidental destaca el pueblo de Bosa, un bello núcleo comunicado con el mar gracias al río Temo, navegable hasta allí. Las diversas iglesias barrocas de la población fueron erigidas durante la época de apogeo del curtido de pieles, una industria que surgió gracias a la proximidad del río y del mar. Las playas más salvajes y menos concurridas aparecen en cuestión de una hora rumbo sur, algo más allá del pueblo de Oristano y las ruinas fenicias de Tharros. Es la denominada Costa Verde, un litoral donde no abundan los turistas de temporada ni tampoco las sombrillas ni los chiringuitos. En lugar de hoteles de lujo, aquí se puede practicar la acampada libre o pasar la noche en una de las habitaciones que alquilan particulares. En esta zona disfruta de un área protegida, dunas de cien metros de altura y una playa solitaria de once kilómetros a la que se accede por pistas sin asfaltar.

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CERDEÑA

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Bajando por la costa se distingue la silueta de las islas San Pietro y Sant’Antioco, situadas frente a la punta sud-occidental de Cerdeña. Cada una posee un pequeño pueblo de casitas pintadas de colores pastel, calles estrechas y tranquilas ensenadas donde se mecen las barcas. El núcleo más bonito es Carloforte, que cede su nombre a un sabrosísimo atún rojo, por desgracia cada vez más escaso. En los restaurantes locales también se sirve la pasta con bottarga rallada, una delicia sarda que antiguamente era manjar de pescadores y que consiste en huevas de mújol secas y prensadas.

Siguiendo la costa, aparece Cagliari. La capital sarda vive encarada al sur, dominando el golfo de los Ángeles y una llanura amplia en la que sopla sin trabas el viento del Sáhara, de ahí que las temperaturas suelan ser más elevadas que en el resto de la isla. Fenicios y romanos aprovecharon el puerto para su imparable comercio marítimo. Visita su Castillo medieval  en el centro histórico de la ciudad recién restaurado. Desde sus baluartes la Corona de Aragón dominó la isla hasta la firma del Tratado de La Haya en 1717, momento en que Cerdeña pasó a ser de los Saboya del Piamonte, quienes la gobernaron hasta la unificación de Italia en 1870. Sus calles recuerdan en su trazado y edificios sobrios a algunos pueblos de Cataluña y Aragón. También resultan familiares los balcones de hierro del popular barrio de Vilanova, en cuyos restaurantes es posible comer de fábula por muy poco dinero, en especial si se elige el pescado recién traído del mercado de San Benedetto.

La ruta circular por Cerdeña prosigue ahora hacia el norte siguiendo la costa oriental. El primer tramo discurre a través de la provincia interior de Barbagia, epicentro de la cultura sarda. El nombre deriva de «bárbaro», porque durante siglos sus habitantes resistieron todo tipo de invasiones y lograron conservar su identidad. Ésta es la tierra del Supramonte, el macizo donde nacen los principales cursos de agua dulce de la isla, con valles cubiertos de encinas. Una red de senderos descubre rincones sorprendentemente frescos como el cañón de Gorropu , encauzado por paredes de hasta 400 metros de alto –la ruta completa dura unas cinco horas. Que los pueblos de esta región viven apegados a las tradiciones se ve, sobre todo, en la mesa. La mujeres, vestidas de negro de la cabeza a los pies, cocinan delicias como el porcheddu, cochinillo al horno de leña, el cabrito con aceitunas y los culurgiones, raviolis rellenos de queso pecorino y aromatizados con azafrán. Tampoco falta el pane carasau, una torta de pan plana y crujiente que recuerda las del Magreb, ni el filu e’ferru, el aguardiente isleño, cuyo nombre hace referencia al alambique con el que se elaboraba.

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Perfilando la cornisa marina hacia el norte, en un par de horas se alcanza la Costa Esmeralda y Porto Cervo, una exclusiva franja donde se concentran las mansiones de ricos y famosos. La presión turística sin embargo no ha restado atractivo a las caprichosas formaciones de granito que miran al mar a lo largo de la carretera que circula desde Porto Cervo hasta Palau, una dinámica población turística. Del puerto de Palau zarpan los transbordadores que conectan con el archipiélago de La Maddalena, compuesto por 62 islas e islotes que emergen a pocos kilómetros de la costa. Declarado parque nacional en 1996, este paraíso natural fue un lugar clave en la historia de Cerdeña, pues en la isla de Caprera vivió sus últimos días Giuseppe Garibaldi, héroe de la unificación italiana (1807-1882), cuya casa es hoy un museo. Los buceadores llegan seducidos por la visibilidad de sus aguas, sus campos de posidonia y la abundante fauna acuática que puede llegar a verse, pero también con la esperanza de descubrir los restos de alguna nave romana hundida. El símbolo del parque es la Spiaggia Rosa de la isla Budelli, una playa famosa por el rosa coralino que tiñe su arena y las rocas redondeadas de la orilla. Contemplar este paisaje o escaparse a la recóndita playa de Coticcio, en la isla de Caprera, será el final perfecto a la experiencia sarda.

Interesante saber:

Cómo llegar: Los tres aeropuertos de la isla (Alguer, Olbia y Cagliari) reciben vuelos directos de España. Otra opción es llegar en barco desde Italia (Roma y Génova) o bien desde Barcelona con Grimaldi Lines, que atraca en Porto Torres, en el noroeste.

Cómo moverse: El coche de alquiler es sin duda el mejor medio para moverse por la isla. Los transbordadores a la isla de La Maddalena zarpan del puerto de Palau.

Alojamiento: La oferta incluye desde hoteles de lujo hasta bed&breakfast y también casas de turismo rural.

Fiestas: En verano hay dos citas ineludibles: la Festa del Redentore, en Nuoro, que empieza el 18 de agosto y cuenta con desfiles de máscaras y trajes típicos; y L’Ardia, una carrera de caballos que tiene lugar el 7 de julio por las fiestas de San Costantino en el pueblo de Sedilo.

Sus provincias son: Cagliari (capital), Carbonia-Iglesias, Nuoro, Olbia-Tempio, Oristano, Medio Campidano, Sassari y Ogliastra.

Su gastronomía:

La cocina sarda satisface los paladares más exigentes con su sencillez, sus ingredientes naturales y los productos locales de sabores delicados e intensos con los que se obtienen recetas deliciosas. El trigo es el ingrediente principal, con él se elabora, el pane carasau, pero también es la base para la famosa malloreddus, los culurgiones y la fregola.

No se puede marchar de la isla sin probar el delicioso porceddu, cochinillo a la parrilla servido en bandejas de corcho rociado con ramas de mirto. Para los sabores del mar, la langosta algueresa o Langosta de roca merece un elogio, al igual que la bottarga de Cabras y el atún de Carloforte. Entre los platos a base de pescado destacamos, la sopa de mejillones y los espaguetis con erizos de mar.

Embutidos y quesos son los productos locales más sabrosos. Entre los quesos destaca la producción de una variante sarda de queso pecorino llamada precisamente pecorino sardo y una especie de queso típicamente sardo que es el casu marzu.

La Cerdeña cuenta con el mayor consumo de cerveza en Italia, el doble del promedio nacional y además, añadimos que se produce un licor excepcional con el mirto.

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Su  vino:

Cerdeña es una isla con un pasado rico en vino. Los fenicios introdujeron el cultivo de la vid y la elaboración del vino, los cartagineses arrancaron las plantas para plantar cereales y los romanos lo reintrodujeron, aunque luego durante la Edad Media el cultivo fue escaso y limitado. Sin embargo, la conquista de la isla por los aragoneses trajo una revolución en los modos de cultivar la vid y un buen puñado de nuevas variedades de uva que cambiaron el panorama enológico de la isla: la garnacha (llamada cannonau en la isla), la cariñena (carigano o uva di Spagna) y se cree que otras como la bovale, la torbato o la vernaccia porque fueron introducidas en aquella época..

En los últimos años, los vinos de Cerdeña han ganado premios internacionales y algunas bodegas de la isla han logrado abrirse un hueco en las siempre complicadas estanterías de las tiendas de todo el mundo. Además, no ha podido resistir al avance de variedades como la Cabernet Sauvignon que, combinadas con otras locales, han dado lugar a interesantes experimentos.

La isla, para su pequeño tamaño, ofrece una enorme variedad de vinos, tintos, blancos, espumosos, fortificados… Los elaborados con cannonau son, quizás, los más conocidos. La importante casa Sella & Mosca (de la DO Alghero), que nosotros tenemos en nuestro catálogo, elabora un ejemplar e interesante tinto a medias con Cabernet Sauvignon.

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Cerdeña acoge una de las cuatro regiones italianas con calidad certificada: Vermentino di Gallura, en el noreste de la isla.

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Son conocidas también las malvasías de la zona de Bosa, una preciosa ciudad del oeste de la isla ( la imagen que aparece en la página de inicio de este post, con las casas pintadas de colores). Los vinos elaborados con la vernaccia di Oristano son generosos con reminiscencias jerezanas. Y con la uva Torbato se elaboran interesantes blancos, también en la zona de Alghero.

Espero que os haya gustado nuestro post!!!  Resumiendo, Cerdeña desconcierta al visitante con sus contrastes naturales, las luces y los colores de una región de antiguas tradiciones en una naturaleza virgen y salvaje.

Nuestras fuentes:

http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/viajes/rutas_y_escapadas/8430/viaje_isla_cerdena.html

http://www.italia.it/es/descubre-italia/cerdena.html#box_1

http://www.lonelyplanet.es/destino-europa-italia-cerdena-69-informacion-practica.html

Frascati Superiore DOCG, un romano con mucha personalidad!!!

¡Ya estamos en el ecuador de la semana! Para celebrarlo hoy os hablamos del Frascati Superiore de la zona del Lazio, un vino muy especial y con muchísima personalidad que aportará a nuestras comidas un toque de distinción y el sello inconfundible de la Roma más imperial.

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FRASCATI SUPERIORE DOCG

La zona de producción lo comprende todo el territorio administrativo de las ciudades de Frascati, Grottaferrata, Monte Porzio Catone, y parte de Roma y Montecompatri.

La altitud en la que se encuentran los viñedos está entre 70 y 500 metros sobre el nivel del mar, siendo la orientación global hacia el noroeste y el oeste. El terreno que comprende la elaboración del Frascati es de origen volcánico y toba. El clima mediterráneo que caracteriza esta región tiene, por regla general, unas temperaturas moderadas, precipitaciones concentradas en el período de otoño-invierno con una larga sequía en primavera y verano. La exposición del territorio hacia el mar Tirreno le permite disfrutar de una agradable brisa marina que modera el calor y evita el estancamiento de la humedad. Otro aspecto particularmente ventajoso, es la alta temperatura e insolación que se produce durante los meses de Septiembre y Octubre cosa que permite que las uvas maduren lentamente y completamente.

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El vino con denominación de origen protegida y con garantía “Frascati Superiore (DOCG), y también el  Reserva, debe obtenerse a partir de la siguiente composición varietal: Malvasia bianca de Candia y / o Malvasia del Lazio, como mínimo el 70%; y pueden contribuir, aislada o conjuntamente, hasta un máximo de un 30% variedades como el Bellone, el Bombino Bianco, el Greco Bianco, el Trebbiano Toscano y el Trebbiano Giallo. Otras variedades de cepas blancas adecuadas para elaborar este vino, han de ser cultivadas en la región del Lazio y pueden aportar hasta un máximo de 15% de este 30%.

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MALVASIA DEL LAZIO

Características Organolépticas: El vino tiene un color amarillo paja, un aroma intenso y  delicado. Su sabor resulta distintivo, seco, afrutado, con cuerpo y aterciopelado. Se convierte en reserva cuando se expone a un período de maduración de al menos 12 meses, tres de ellos en la botella. El contenido mínimo de alcohol es del 12% para el Frascati Superiore y 13% para el Riserva.

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Maridajes: Excelente vino que marida perfectamente con primeros, segundos e incluso algún postre, aunque generalmente,  lo preferimos acompañando algún tipo de crustáceo, un risotto con mariscos o verduras, y algunas sopas, alcachofas, espárragos, tortillas, carnes blancas y platos a base de pescado. Algo que nos parece excepcional con este vino, es el carpaccio de pez espada o cualquier tipo de pescado a la parrilla. Es un excelente aliado de platos de pasta de la cocina romana: desde los típicos Bucattini alla Amatriciana a los Spaguetti alla Carbonara. Algo más refinado pero no menos delicioso, es combinar este vino con una “Quiche de verduras” o unas flores de calabacín rellenas. Además, acentúa el sabor de la mozzarella de Bufala, el provolone dolce y del Pecorino Romano. Nos proporciona una agradable sorpresa beber este vino comiendo una Pizza Marinara.

Os aconsejamos servir en vaso alto y a una temperatura de unos 10 ° C.

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Feliz día a tod@s!!!!

SICILIA: Un derroche de personalidad y un paraíso que besa el Mediterráneo.

Para el viajero es una tierra fascinante, por su historia, por sus paisajes, por sus aguas cristalinas, por sus más de 1000 quilómetros de costa, por su gastronomía, por sus vinos y por su  gente. Si Sicilia fuera un ser divino, sería una diosa griega: poderosa, en ocasiones castigadora, casi siempre protectora, un punto orgullosa y ciertamente seductora.

Sicilia es la mayor isla del Mediterráneo y está separada del continente mediante el estrecho de Mesina. Región montañosa de por sí, la costa de Sicilia y sus pequeñas islas se encuentran al pie de varios volcanes, entre ellos el Etna, el Stromboli y el Vulcano. Griegos, romanos, normandos y catalanes dejaron huella en la isla, en forma de palacios bizantinos, castillos góticos y ornamentaciones barrocas. La mayoría de las poblaciones principales poseen interesantes museos, pero el Etna y los templos helénicos de Agrigento proporcionan una experiencia realmente única. Además, cabe destacar la belleza de las islas más pequeñas que rodean Sicilia: los archipiélagos de las Islas Eolias a nordeste, las Islas Egadas al oeste, las Islas Pelagias al suroeste, y las islas de Pantelleria al sur y Ustica al noroeste.

Tiene como capital Palermo en el Norte de la isla, habitada por más de cinco millones de personas: esto hace de ella, a pesar de sus grandes dimensiones, la isla más densamente poblada del Mediterráneo después de Malta.

La cultura siciliana presenta la característica particular de encontrarse en un contexto apartado de la realidad italiana, expresándose a veces como una identidad distinta.

La Gastronomía de la isla está estrechamente unida a la historia y cultura siciliana, así como con la vida religiosa e espiritual. Se trata de una cultura gastronómica regional, compleja y diversa, que muestra claramente la contribución de las culturas que se establecieron en Sicilia en el transcurso de los dos últimos milenios. Se tiene, por ejemplo, la contribución alimentaria de la antigua Grecia mediante el “Monsù” de las grandes cocinas nobiliarias, pasando por los dulces de plena influencia magrebí y de las especialidades hebreas. En la cocina siciliana destacan sobre todo, las verduras. El civu es un clásico (alcachofas con anchoas de Agrigento), el arancini (arroz con guisantes, carne, jamón y queso) o las sardinas rellenas de piñones y pasas. Y entre los postres, aparte de los clásicos helados italianos, los cannoli rellenos de ricotta.

Las conocidas salinas de Trapani (en el oeste de la isla),  desde donde se extrae desde la antigüedad una finísima sal marina, hacen que sea un ingrediente especial de la cocina siciliana. Otras especias y hierbas aromáticas empleadas con frecuencia son: la albahaca, perejil (prezzemolo), menta, laurel, romero, salvia, etc. se emplea además el jazmín, los piñones, las uvas pasas, almendras, pistachos, etc. Es frecuente la preparación de muchos platos con sabores agridulces.

De clima cálido y con veranos calurosos debido al viento llamado Siroco que llega de África, genera de improvisto cambios de temperatura. Las precipitaciones son escasas, repercutiendo el aprovisionamiento hídrico; esto no impide que la agricultura sea uno de los recursos económicos de la isla. Destaca el cultivo de hortalizas, legumbres, frutos secos y fruta, tales como las naranjas, los famosos limones, las mandarinas y sobre todo, la uva.

¿Qué ciudades podemos visitar?

Taormina es, quizás, su destino turístico más visitado, pues es donde más se nota el paso de la cultura griega.

Catania tiene un encanto especial. Sus monumentos barrocos, sus palacios opulentos, la Vía Crociferi, tan rica y pulcra. El Duomo, el palacio Biscari y la iglesia de San Giulano son sus principales edificios.

Siracusa, en la península de Ortigia. El Parque Arqueológico de Neápolis conserva uno de los mayores teatros griegos conocidos. Hay también un anfiteatro romano y el Ara de Gerón, donde se sacrificaban los bueyes.

Agrigento es sobre todo conocida por el Valle de los Templos, donde se conserva auténticas obras de arte griegas. La mejor conservada es el Templo de la Concordia

Palermo es la capital de la isla, pero no por ello es la más turística. En ella quedan recuerdos de todas las culturas que han pasado por Sicilia.

Mesina es más conocida por el Estrecho que por la ciudad en sí. Tantas veces ha sufrido terremotos en su historia, que hoy día la ciudad está en restauración.

A parte de sus ciudades y pueblecitos costeros, no podemos desaprovechar la ocasión para visitar al volcán Etna, dura medio día y cuesta unos 4 euros. La jornada completa de excursión al volcán sale por unos 6 euros. Eso sí, es recomendable abrigarse, porque arriba, cerca del cráter, el frío es intenso.

Los vinos de Sicilia

El cultivo de la vid y las técnicas de vinificación fueron introducidos en Sicilia por los primeros colonos griegos. Desde entonces hablar de Sicilia es hablar de la esencia del Mediterráneo, de historia, de tradición, de gastronomía y por supuestos de vinos. Dominando la región, se encuentra el Etna que es el volcán más alto de Europa, rodeado de llanuras fértiles que se alzan hacia elevadas mesetas y montañas, condiciones que se ven reflejadas en la mineralidad de sus vinos, proporcionada por la riqueza mineral de sus suelos y las brisas marinas que bañan los viñedos. Sicilia tiene largas horas de sol, clima tibio y baja pluviosidad lo que ofrece óptimas condiciones para llevar a las uvas a su punto de madurez. Su suelo árido y desértico da vinos expresivos, y los que se encuentran en altitudes de 900 m producen vinos elegantes y aromáticos.

Cepas Autóctonas y sus características organolépticas

  • Nero D’Avola: Vinos atractivamente oscuros, suaves pero robustos, y que envejecen bien con roble.
  • Frappato Nero: Suave, baja en taninos, que produce vinos de considerable encanto y algo de aroma. Normalmente se utiliza para coupages con la Nero d’Avola, Nerello y Nocera.
  • Moscato (Muscato di Alejandria) o Zibbibo: Se usa para el Moscato de Pantelleria. Dulce y aromático. Ideal para acompañar postres.
  • Fiano: En su máxima expresión son vinos pesados y melosos, con notas de flores y especias y con potencial de mejorar en botella.
  • Grecanico: Buena acidez y sabor a manzana. Se utiliza para coupages.
  • Catarrato: Solo se cultiva en Sicilia y ocupa una gran extensión de viñedos, se utiliza en blenda con la Alcamo y el Marsala.
  • Inzolia o Ansonica: Una de las mejores uvas blancas de la isla, produce el vino Alcamo DOC y es utilizada en los mejores IGT.
  • Malvasia: Tiene profundidad de sabor gracias a la lava de las islas Eolias.

DO y Vinos Famosos

El Marsala (Puerta de Dios) es un vino con DO, producido en la provincia de Trapani. En nuestro catálogo la Cantina Duca di Salaparuta es la representante de estos vinos. Se trata de una cantina con más de 180 años de historia que representa la tradición, la innovación y su carácter siciliano. Desde siempre atenta a la creación de vinos de elevada calidad y con la voluntad de explicar de una forma nueva y seductora los aspectos más determinantes del carácter siciliano. Para mantener este carácter diferenciador, los vinos de esta cantina han derivado en tres grandes marcas: Duca di Salapatura / Corvo y Florio. Tres nombres de gran reconocimiento, vinculados a Sicilia y sostenidos por una misma estructura organizativa.

La legislación sobre producción clasifica el marsala sobre la base de tres elementos: color, contenido de azúcar, duración del envejecimiento y consiguiente grado alcohólico. De la combinación de estos factores nacen las diversas modalidades de marsala. La diferencia entre el marsala virgen y los marsalas considerados «licorosos», es decir, el superior y el fino se debe al proceso elaborador: a esos marsalas licorosos se les añade alcohol, mosto cocido (para caracterizar aromas y color) y mistela (mosto de uva tardía, cuya fermentación ha sido bloquedada añadiendo alcohol para integrar la cantidad de azúcares y aromas «terciarios» necesarios).

El vino de marsala virgen o soleras proviene de uvas blancas, con el único añadido de alcohol y/o aguardiente de vino. Esta denominación puede ser utilizada tan sólo para los vinos sometidos a envejecimiento (método soleras) durante al menos 5 años en madera (10 para el virgen reserva o extraviejo) y con un grado alcohólico no inferior al 18%.

Los marsalas licorosos se diversifican por el color, cuya tonalidad e intensidad está determinada, además de por las uvas, por la cantidad de mosto cocido empleado, se obtienen vinos de color: oro (sin mosto cocido añadido); ámbar (con añadido de mosto cocido no inferior al 1%); rubí (sin añadido de mosto cocido, más bien obtenidos de uvas tintas y, eventualmente, blancas con un límite máximo del 30%). Otro criterio de clasificación es el sabor, determinado por la cantidad de azúcares presentes, que es la base de la distinción entre marsalas: seco, con azúcares inferiores a 40 g/L; semiseco, con azúcares superiores a 40 g/L, pero inferiores a 100 g/L; dulce, con azúcares superiores a 100 g/L. Finalmente, en relación con la duración del envejecimiento, el marsala se llamará: fino, con una afinamiento no inferior a un año, cuyos primeros 4 meses no necesariamente serán en madera, y alcohol superior al 17%; superior, con un período de afinamiento en madera no inferior a 2 años y un grado alcohólico superior al 18%; superior reserva, con período de afinamiento en madera no inferior a 4 años.

Las variedades blancas autorizadas por la legislación son: Grillo, Catarratto, Insolia y Damaschino, mientras que las tintas son: Pignatello, Nero d’Avola y Nerello Mascalese, que pueden añadirse hasta en un máximo del 30% a las blancas mencionadas.

Los vinos dulces sicilianos constituyen cerca de un 64% del total de vinos con DO. En nuestro catálogo disponemos de un Passito de Pantelleria premiado, es de la cantina Duca di Castelmonte, que a parte de este delicioso y valorado vino dispone de varios Nero D´avola, Inzolia,…

Moscato di Noto. Moscatel de Noto

Este vino se produce en la parte oriental de Sicilia y se elabora con uvas moscatel blanco (denominado localmente moscatel amarillo o moscatella). Las características organolépticas le otorgan un color del amarillo dorado más o menos intenso al ámbar, un perfume característico y fragante de moscatel, así como un sabor dulce y un aroma floral y vegetal de salvia.
En el tipo vino licoroso, la graduación mínima debe ser de 22º, el afinado (obligatorio) es de 5 meses a partir del alcoholizado. En este tipo, las uvas sobre maduradas se fermentan a 7 u 8º alcohólicos y con 70 o 100 g/L de azúcares residuales, añadiendo alcohol para alcanzar un desarrollo del 16% en volumen. También se elabora la modalidad espumosa.

Moscato di Siracusa. Moscatel de Siracusa

La variedad utilizada es el moscatel blanco (denominado localmente moscatel amarillo o moscatello amarillo). El vino debe tener una graduación alcohólica mínima de 16,5%. Las características organolépticas son: color amarillo oro viejo con reflejos ámbares; perfume delicado y característico; sabor dulce, aterciopelado y agradable.

El passito y el moscato de Pantelleria El viñedo se cultiva en parcelas o terrazas delimitadas por muros de obra seca construidos con piedra volcánica. Son vinos amables; por su aspecto denso y licoroso, por su color ámbar ligeramente intenso, por su perfume almizclado y por el gusto característico de la zibibbo pasa, son vinos excelentes para postre. Se trata de un vino muy renombrado por su alta calidad, que se presenta en diversas modalidades; entre ellas, cabe citar el Moscato de Pantelleria (grado alcohólico total mínimo: 15%, del cual al menos el 11% desarrollado); Passito de Pantelleria (grado alcohólico total mínimo: 20%, del cual al menos el 14% desarrollado; además, este vino no puede ser comercializado hasta el 1 de julio del año siguiente a la vendimia); Pantelleria Moscato licoroso (grado alcohólico total mínimo: 21%, del cual al menos el 15% desarrollado); Pantelleria Moscato dorato (grado alcohólico total mínimo: 21,5%, del cual al menos el 15,5% desarrollado); Pantelleria Passito licoroso (título alcoholmétrico volumétrico total mínimo: 22%, del cual al menos el 15% desarrollado; esta modalidad no puede ser comercializada antes del 1 de febrero del año siguiente a la vendimia), y Pantelleria Zibibbo dolce (grado alcohólico total mínimo: 10%, del cual hay que desarrollar no menos de un tercio de los azúcares reductores totales; presión y CO2: hasta 1,7 bar).

Malvasía de las Lipari

La implantación del viñedo, se realiza en terrazas. No hay riego, lo que produce estrés hídrico grave en la planta en los meses estivales. Durante la segunda mitad de septiembre o inicios de octubre se vendimia.
La malvasía de las Lipari, de la que existen tres modalidades, se elabora con un 95 % de variedad de malvasía de las Lipari y un pequeño 5 % de corinto nero. Las tres modalidades son: malvasía de las Lipari (obtenida con uvas frescas, de sabor dulce y aromático con una graduación mínima de 11,5 º); malvasía de las Lipari passito (grado alcohólico del 18 % y un residuo de azúcar no inferior al 6 % con 9 meses de crianza), y malvasía de las Lipari licorosa (grado alcohólico del 20 %, de los cuales al menos 16 desarrollados, y un residuo en azúcar no inferior al 6 %, con 6 meses de crianza). El método de producción de la DO Malvasía de las Lipari, en su versión de vino de mesa, sigue el proceso de vinificación en blanco, con una adición variable de azúcar con el fin de garantizar que el producto final sea más dulce.