Turrón, protagonista de estas fiestas también en Italia.

A parte de los exquisitos Panettone y Pandoro que traemos directamente de Italia para estas fiestas, en Italia, se come mucho turrón! El turrón, en realidad, forma parte de una muy amplia familia de productos, confeccionados en un territorio que abarca desde los Países Eslavos a Oriente Medio y hasta la India. Se trata, probablemente, de los postres más antiguos del mundo.

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Entendido como «semillas tostadas – almendras, avellanas, pistachos, piñones… – unidas por una pasta dulce a base de miel, clara de huevo, azúcar, con el agregado de aromas o no», está bastante lejano de ser sólo un producto italiano. El vocablo siciliano pareciera provenir de un término árabe, lo que haría pensar en un origen medio-oriental del producto. Si proviene de Oriente Medio o no, en el norte del Mediterráneo lo encontramos en Francia como touron o nougat, del latín tardío nucatum: antes de que en Provenza fuera introducido el cultivo de las almendras en el siglo XVII, se utilizaban nueces para fabricarlo. En España, donde está documentado en textos escritos desde el siglo XV, toma el nombre de turrón, una etimología muy similar a la italiana, cuyo origen más acreditado es el del verbo latino torrere, tostar.

Legendariamente, en Italia los turrones proceden de Cremona. Incluso tienen una explicación para el nombre, que en su caso es “torroni” y que haría referencia al postre servido en las bodas de unos importantes personajes de la ciudad, que tenía forma de torreón. Esa presentación en forma de torreón volvería a aparecer en el año 1529, y de ello existe constancia escrita: un banquete citado por Cristóforo Massisbugo, mayordomo del cardenal Hipólito de Este, en el que se sirvieron la friolera de cien platos; el dulce se presentó en forma de torres. De todo eso ha surgido la leyenda, que los mismos italianos cuestionan, puesto que reconocen que el turrón les llegó de los árabes a través de los españoles.

El turrón es un producto dúctil y versátil por naturaleza, puede tomar cualquier forma. El turrón nace quebradizo, es decir, duro. Su rigidez puede afrontarse de dos modos: mordiéndolo, si los dientes son aptos para la tarea, o bien, quebrándolo en astillas y chupándolo como a un caramelo, que además sería el modo ideal de degustarlo. Sin embargo, como la paciencia necesaria para este tipo de disfrute desde hace años no forma parte de nuestra cultura (tanto es así que los caramelos son ya un género más bien en desuso), algún pastelero con decidido instinto del marketing pensó en inventar el turrón blando, es decir, una variante con un contenido superior de agua. Por lo tanto, todas las formas deben multiplicarse por dos, porque están disponibles tanto en versión dura como blanda.

Para más información:

http://www.chefuri.com/v4/reportaje-el-turron-parte-i,ii,-iii,-iv-y-v-79.html

http://www.italia.it/es/ideas-de-viaje/gastronomia/los-dulces-navidenos.html